Peter fue capturado en la costa de Guinea. A bordo del barco, entre dos opciones —la muerte o la jaula—, descubrió una tercera: imitar. Imitar a los hombres. No porque deseara ser uno de ellos, sino porque necesitaba una salida. Cualquier salida.
Años después, desde una tribuna académica, el ex simio rinde su informe. Describe con precisión clínica su propio proceso de transformación: el aguardiente, el tabaco, el lenguaje aprendido a golpes. La civilización como táctica de sobrevivencia.
El informe se sigue rindiendo. Se ha rendido, con este mismo texto, durante treinta y siete años consecutivos — lo suficiente para que la pregunta que plantea deje de ser una curiosidad literaria y se vuelva costumbre: ¿cuánto de esa transformación fue elección, y cuánto fue precio?